Pendón de Sevilla - San Fernando

Defensa de la bandera de Sevilla

Hace breves días se ha planteado en Sevilla un tema que, por afectar a la identidad misma de la Ciudad, merece la atención de todos los habitantes de Sevilla. Se trata de si Sevilla debe cambiar su tradicional Pendón por una bandera nueva, de diseño distinto.

Para justificar ese intento se han dado varias razones, tales como la de que sería conveniente cambiar la enseña ”por tratarse de la figura de un rey sedente y figurado con todos los atributos propios de la realeza, algo que resultaría muy dificil de reproducir con la conveniente dignidad y
acierto”. También se ha dicho, en el proyecto que en estos días iba a presentarse al Pleno, que el Pendón de la Ciudad era una enseña de carácter estrictamente militar, y que Sevilla necesitaba una bandera municipal.

Considerando de interés general el aclarar estos extremos para que el vecindario de Sevilla pueda tomar clara conciencia de tan importante asunto, hemos elaborado este breve folleto, esperando que el lector lo lea con tanto esmero y amor, como el amor a Sevilla con que lo hemos redactado.

HISTORIA DEL PENDÓN DE SEVILLA

La palabra ”pendón” procede del latín «pendens”, colgante, para diferenciar la enseña de tela que cuelga de un asta, de las enseñas de águila, metálica, que portaban las legiones romanas. Algunos filólogos hacen derivar la palabra ”pendón” de ”penna”, pluma, y otros del francés ”pegnon”, aunque creemos que injustificadamente.

En la Edad Media todas las banderas recibían el nombre de ”pendones” y así lo vemos en el Poema de Mío Cid, y otras fuentes literarias e históricas medievales. Por esta razón, al producirse la aparición de esta bandera, a fines del siglo XIl o principios del XIll recibe el nombre que se empleaba entonces, y en vez de llamársele «Bandera de la Ciudad”, se le llama – ”Pendón de la Ciudad” como hasta ahora se le conoce.

El ”Pendón de la Ciudad” es de color carmesí, y lleva en el centro ocupando su casi totalidad, la figura del Rey Fernando lll el Santo, con los atributos de la realeza, es decir, corona en la cabeza, espada desnuda en la mano diestra y globo simbólico pintado con castillos y leones en la siniestra. El rey está sentado en un trono con el respaldo forrado de terciopelo verde, adornado con tracerías góticas y moriscas como corresponde a un monarca cuyo reino comprendía gentes de las dos religiones, cristiana y musulmana en armoniosa convivencia.

El Pendón que actualmente conserva el Ayuntamiento no es el original primitivo, sino que a lo largo de los siglos se deterioró y fue sustituido por reproducciones, como ocurre con cualquier bandera pública. El actual es del siglo XV al XVI, a juicio del Sr. Gestoso en el tomo 3.0 página 165 de su ”Sevilla Monumental y Artística” y en su folleto publicado en 1885 con “61 título de «Noticia histórico-descriptiva del antiguo Pendón de la Ciudad de Sevilla que se conserva en el Archivo Municipal”.

La existencia de un Pendón de la Ciudad, o sea bandera y símbolo de Sevilla, está documentada desde tiempo inmemorial encontrándose referencia en las crónicas y otras fuentes documentales y bibliográficas desde al menos el año 1.315 en que son la crónica del reinado de Alfonso Xl se dice: ”Mandó facer muchos picos e labrar cuatro ingenios (se refiere a picos para
socavar las murallas y máquinas catapultas para disparar) que fizo cargar e llevar a Córdoba”. «A esta ciudad, punto señalado para la reunión del ejército concurrieron el pendón y concejo de Sevilla, su Arzobispo y su Nobleza” según nos confirma Guichot en su Historia de Sevilla, tomo lll, página 247.

No iba, naturalmente, sólo la Nobleza a la guerra de Reconquista, pues las milicias concejiles sevillanas estaban formadas, por ser concejiles, por gentes de todas las clases sociales, tanto a caballo como a pie. A veces la fortuna fue adversa y la batalla se resolvió en desastre. Así, en la crónica que relata la campaña de Ronda y toma de Olvera en 1.335 se informa de que habiendo quedado el Pendón de Sevilla con pocos hombres, cargaron sobre estas fuerzas varios contingentes de enemigos en número muy superior, quedando desbaratada la hueste sevillana, perdido el Pendón, y muerto el alférez abanderado que lo portaba y que lo defendió hasta el último momento de su vida. El Pendón fue recuperado, según nos informa Ortiz de Zúñiga en sus Anales, año de 1.327, donde reproduce un Privilegio que otorgó el rey a la Ciudad, «en remuneración de lo que hicisteis en la toma de Olvera, en el tirar de los ingenios con el Arzobispo e con Rui González e cobrar el Pendón de esa ciudad que habíades antes perdido”.

Asimismo en 1.340 cuando la invasión dirigida por el Emperador de Marruecos Abu-l-Hassam, ”cupo parte de la gloria de esta jornada al Pendón de Sevilla y a su Capitán Mayor Gonzalo Martínez de Oviedo” (Historia de Sevilla. Joaquín Guichot, tomo lll, página 271).

Es de observar que siempre se habla del PENDON DE LA CIUDAD, no del pendón de las milicias de la ciudad, es decir, que se indica siempre que representa a la Ciudad como entidad cívica, no a sus tropas. Esto mismo ocurre, lógicamente, en las demás ciudades españolas, pues no existiendo en la época de la Reconquista un ejército estatal, las milicias eran todas concejiles, y por ello sus banderas eran de la ciudad a que pertenecían. No está justificado por tanto el intentar atribuir al Pendón de la Ciudad un carácter militar y mucho menos militarista. El Pendón es ni más ni menos la bandera de la Ciudad, en toda la amplitud de este vocablo.

Las dimensiones del pendón actual son 2’80 m. por 2’10 m. Estas dimensiones obligan a enastar la bandera en un asta de más de 4 metros de larga, por lo que resultaría inviable manejar el total del Pendón desde lo alto de un caballo y más aún el pelear al mismo tiempo. Fuerza es, por tanto, que hubiera varios pendones del mismo diseño, uno para campaña más manejable, o para llevarlo en procesiones y actos en el exterior de las Casas Consistoriales y éste para mantenerlo en lugar de honor dentro del propio Ayuntamiento, y en fin otro para situarlo en la balconada principal del edificio municipal.

Escudo del Nomadejado con la corona de laurel otorgada por Isabel ll en 1.843

Todavía por si alguno pudiera guardar la más mínima duda respecto al carácter municipal (y no militar) del Pendón de la Ciudad, vamos a aportar aún otro argumento: en el propio Pendón, a los pies del Rey Santo, están bordadas, bien grandes, las letras S. P. Q. H., abreviaturas que se leen Senatus populusque hispalensis que se traduce SENADO Y EL PUEBLO SEVILLANO. Pero, ¿qué significa ahí la palabra SENADO? Puessignifica sencillamente Ayuntamiento o Cabildo Municipal. El Senado que gobierna Sevilla.

Prosigamos con el aspecto histórico relacionado con la Reconquista: la última invasión procedente de Marruecos, que puso en peligro a toda Andalucía Occidental de caer nuevamente bajo el dominio marroquí, fue la de 1.340, que culminó en la célebre batalla del Salado, de la que el analista Ortiz de Zúñiga nos dice que acudieron a la batalla el Alguacil Mayor don Alonso Fernández Coronel y todos los Veinticuatros, es decir, los que actualmente llamaríamos tenientes de Alcalde. (Ortiz de Zúñiga. Anales, año 1.341). La guerra contra Portugal en el año 1.385 requirió igualmente la presencia de las tropas concejiles sevillanas, que acudieron con el Pendón de la Ciudad, con trescientos de a caballo y ochocientos hombres de a pie mandados por su Alguacil Mayor don Alvar Pérez de Guzmán. Igualmente en la campaña para la toma de Antequera, (1.407-1.410) envió Sevilla el Pendón de la Ciudad, con 660 de a caballo y 7.000 peones entre lanceros y ballesteros, durando esta guerra cuatro años hasta que terminó con la toma de la plaza fuerte de Antequera.

Es muy importante volver a insistir sobre el carácter que el Pendón de la Ciudad tiene, de representar a la entidad municipal, no a la tropa. Esto quedará claro, clarísimo, si leemos uno me los documentos más importantes que se encuentran en el conjunto de legajos que reciben el nombre de ”Tumbo de los Reyes Católicos” en el Archivo Municipal de Sevilla, y la respuesta que dio el Ayuntamiento. Se trata de una carta enviada por los Reyes Católicos, expedida desde Córdoba y fechada en 31 de Julio de 1.485, que dice así:

«Al Concejo de Sevilla: salud e gracia. Sepades como así para abastecer la ciudad de Alhama como en prosecución de los moros, enemigos de nuestra santa fe católica, yo el Rey, mediante Nuestro Señor, tengo acordado de entrar en persona en el reino de Granada para Treinta días del mes de Agosto y para ello hemos mandado llamar e repartir por las ciudades y villas desta Andalucía e de otras partes de nuestros reinos cierta gente de a caballo e de a pie, para que todos sean juntos para los dichos treinta días del mes de Agosto en la ciudad de Ecija. Por ende os mandanos que hagáis repartir de esa ciudad e de su tierra, quinientos hombres de a caballo y seis mil peones. E los espingarderos traigan sus espingardas con pólvora e pelotas (balas) e los ballesteros fornecidos de aljabas e saetas. La cual dicha gente es nuestra merced que venga con el Pendón de la Ciudad e con el Teniente de nuestro Asistente”. (Tumbo. Edición de Juan de Mata Carriazo, tomo IV, página 28).

Extrañó y repugnó —dice Guichot —, esta orden al Cabildo Municipal que contestó respetuosa pero enérgicamente al rey Fernando el Católico que «no había ejemplar (antecedente) de que el Pendón saliese jamás a cargo de otro que no fueran sus Veinticuatros”, rechazando que el Pendón fuera a cargo del Teniente de Asistentes, que no era cargo municipal. Aquí vuelve a quedar bien claro que el Pendón no era un estandarte militar, sino una bandera municipal.

Fernando el Católico no tuvo más remedio que ceder, volver atrás de su acuerdo y orden, y enviar nueva carta, fechada en Córdoba a 15 de Agosto de 1.485 que dice: ”E porque habe-
mos sabido que porque mandamos por la dicha nuestra carta, que viniese con la dicha gente e con el Pendón desa dicha Ciudad el teniente de nuestro Asistente, que en esa ciudad se entendió que era por forma de capitanía, e sobre ello os habéis agraviado, diciendo que cuando el Pendón desa ciudad sale, no va a cargo la dicha gente salvo del cabildo desa Ciudad, e porque al tiempo que Nos, mandamos dar la dicha nuestra carta no fue nuestra intención de mudar cosa alguna de lo que esa Ciudad tiene costumbre, ni ahora lo es; por tanto, Nos, os mandamos que venga la dicha gente a cargo del Cabildo desa ciudad, con el Pendón de ella, según como esa dicha ciudad lo tiene en costumbre
”. (Tumbo. Tomo IV, página 42).

Así obligó el Ayuntamiento de Sevilla a que todo un rey respetara la costumbre en lo relativo al honor de la Ciudad en que el Pendón no estuviera a cargo de nadie más que de su Ayuntamiento. Las costumbres son leyes, y han de cumplirlas hasta los reyes.

EL PENDON EN CEREMONIAS CIVILES

Pero no por esta media docena de citas de la presencia del pendón en la guerra, se ha de olvidar su participación en los actos civiles, como máxima representación de la Ciudad. Y la presencia constante de una reproducción del mismo en el balcón principal de las casas Consistoriales desde hace siglos, presidiendo la vida ciudadana. Y más aún debería protagonizar la vida oficial y ciudadana, si existiera un poco más de voluntad, y de respeto y amor hacia ese simbolo, por parte de quiees gobiernan la ciudad, y quienes han de cuidar su imagen y su protocolo. No me estoy refiriendo solamente al momento actual, sino a la falta de divulgación de’la imagen del Pendón de la Ciudad durante todo un siglo.

Ha habido, sin duda, por parte de los munícipes sevillanos, una especie de dejación de atribuciones. Jamás se ha dado a conocer, por ejemplo, a los niños de las escuelas, cómo es la bandera de la ciudad. Este Pendón glorioso, siete veces centenario, que no solamente debía ondear en el balcón del Ayuntamiento, sino en los demás edificios municipales.

No, no debe abandonarse ni sustituirse. Lo que hay que hacer es precisamente lo contrario, divulgarlo para que sea conocido, porque no se puede amar lo que no se conoce.

UN AGRAVIO A LOS BORDADORES

En el proyecto denominado «Bandera Municipal para la Ciudad”, se dice que uno de los motivos para abandonar esta bandera con la efigie de San Fernando, es que ”ES DE MUY DIFICIL REPRODUCCION, DADAS SUS PECULIARES CARACTERISTICAS Y COMPLEJIDAD”.

¿Difícil su reproducción? Sevilla cuenta con el gremio de bordadores y bordadoras más brillante de toda España y nos atreveríamos a afirmar que del mundo. Quien haya visto un techo de palio de los pasos de Virgen de nuestras procesiones, sabe que los artistas del diseño y el bordado de tales piezas son capaces de reproducir no ya el pendón de la Ciudad, sino cualquier cuadro de Murillo, haciendo del palio un trasunto del cielo. ¿Y en Sevilla se puede nada menos que cambiar una bandera, porque es difícil su reproducción? Sin duda que los autores del proyecto no han querido agraviar a todo el gremio de bordadores y bordadoras de Sevilla. Pero el Ayuntamiento como tal no puede ignorar que aún hace pocos años, él mismo otorgó la Medalla de Oro de la Ciudad, a una bordadora: la genial Esperanza Elena Caro, a quien Sevilla debe «el haber enriquecido su patrimonio artístico para mayor gloria de nuestra Semana Santa.

Por otra parte, no se trata de que en cada escuela primaria o en cada domicilio de Distrito Municipal haya de haber una bandera de la Ciudad bordada como palio de paso de Virgen; nada de eso. Bastaría con hacer un nuevo Pendón para las ceremonias oficiales, con toda la riqueza y decoro que el caso requiere, dejar el viejo en su vitrina de honor en el despacho del alcalde (no en un museo como objeto apolillado), y sacar copias ya que hoy existen medios técnicos suficientes, a fin de que en cada dependencia municipal pueda haber una bandera de la ciudad. No hace falta más que fijarnos en que todas las dependencias estatales tienen su bandera con su escudo nacional, y todas las dependencias de la Administración autonómica tienen su bandera de Andalucía, sin que cada una de esos cientos de banderas tenga que ser una obra de arte original.

LOS BLASONES DE LA CIUDAD

En el proyecto denominado «BANDERA MUNICIPAL PARA LA CIUDAD”, se intenta convertir en el primero de los símbolos de Sevilla al conocido con el nombre del «NOMADEJADO”. Reflexionemos sobre esta cuestión:

Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra blasón tiene dos acepciones que convienen a este tema: Blasón es «Escudo de Armas. Cada figura, señal o pieza de las que se ponen en un escudo”.

Sevilla cuenta con dos blasones, uno el escudo de la Ciudad, denominado por algunos ”Armas mayores”, en el que aparecen el rey San Fernando sentado en un trono, y a sus ládos los obispos San Isidoro y San Leandro. Este escudo o armas mayores aparece ya en el siglo Xlll al XIV, es decir, en el reinado de Alfonso X. La más antigua iconografía de este escudo la vemos en un sello de cera, de gran módulo, que existo en la colección de sellos del Cabildo de Sevilla, tal como lo reseña don Francisco Collantes de Terán y Delorme en su obra ”El patrimonio monumental y artístico de Sevilla”. Otros sellos con el escudo de la Ciudad figuran en la misma colección, del
siglo XV, XVI y el XVII, así como la matriz en bronce para hacer sellos de plomo para documentos, del siglo XVII.

Este escudo, o «armas mayores” de Sevilla, es el que se labra en piedra en las fachadas de los edificios municipales, y el que se emplea como membrete de los documentos expedidos
por el Ayuntamiento.

Pero no es este escudo el único blasón de Sevilla. Existe además el «NOMADEJADO”, que se llama «Empresa o mote”, pero elevado a la categoría de blasón, es decir, de escudo, menos usado, y al que algunos llaman «armas menores” o escudo menor de Sevilla. El origen del «NOMADEJADO” es, según refiere el analista don Diego Ortiz de Zúñiga en su obra ”Anales
eclesiásticos y seculares de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Sevilla”, que cuando el principe don Sancho se sublevó contra Alfonso X su padre, todo el reino de Castilla y León se puso en favor de Sancho, excepto Sevilla, que siguió fiel al anciano monarca. Alfonso X en agradecimiento a los sevillanos ”porque ellos se estuvieron connusco” (porque ellos se estuvieron con Nos), honró a Sevilla con la significativa empresa y mote de la Madeja, cuyo cuerpo y letra trabado se formó con las dicciones NO-DO, nudo o unión de sujeta obediencia, e interpuesta la Madeja, lo que viene a quedar en NO-MADEJA-DO, indicando la lealtad de Sevilla, en esta frase jeroglífica: Sevilla NO ME HA DEJADO.

Dice Ortiz de Zúñiga que esta empresa la puso Sevilla con sus blasones, lo que dicho en lenguaje común significa que Sevilla incorporó el NOMADEJADO como un escudo más. Esto mismo lo repite don Joaquín Guichot en su ”Historia de Sevilla” al tratar sobre la vida y muerte del rey Don Alfonso X el Sabio.

Que el NOMADEJADO debe ser tenido como tal escudo queda patente (y ello extraña sobremanera a don José Gestoso al tratar sobre la construcción del edificio del Ayuntamiento, en su ”Sevilla Artística y Monumental”, tomo tercero). Gestoso no simpatiza mucho con el NOMADEJADO pero reconoce que al colocarlo en la tachada principal del Ayuntamiento sobre dos ventanas, lo hace en calidad de escudo, y no de adorno.

Pendón de la Ciudad de Sevilla, que se conserva en el Ayuntamiento (Siglo XV al XVI)

Pero todavía hay, además de figurar como escudo en la fachada del edificio municipal, otro dato que confirma el carácter de escudo de este emblema: en el siglo XIX, tras el levantamiento que Sevilla hizo contra el Regente Espartero, que hizo sufrir a la ciudad el bombardeo de la artillería de Van Halem, y que terminó con la victoria de los sevillanos y la derrota y huída de las tropas del Regente, la Reina Isabel Il otorgó a Sevilla, por un Real Despacho firmado en Madrid a 5 de Agosto de 1.843, el título de INVICTA, y una corona de laurel de oro, ”que será de hoy en adelante la cimera del antiguo blasón, nunca desmentido, que os concedió el sabio rey don Alfonso X”.

El texto que hemos reproducido tiene varias lecturas: una la de que, para obviar las dudas de algunos autores sobre la tradición de la madeja y el enigma o jeroglífico, la reina subraya que el origen de ese blasón es, verdaderamente debido a Alfonso el Sabio y nunca desmentido. El otorgarle una corona de laurel para le sierva de cimera es el reconocimiento pleno del carácter de escudo de este símbolo o emblema.

Otra lectura sería que la Reina otorgó la corona de laurel al escudo de Armas Mayores, y que el Ayuntamiento no quiso hacer novedad y prefirió dejar el escudo grande con su corona real, poniendo la de laurel al NOMADEJADO, reconociendo éste como antiguo blasón, al que ponerle la cimera. De cualquier modo, el NOMADEJADO es, por una u otra razón, un auténtico escudo, reconocido como tal, y por consiguente tenido por armas menores, o escudo menor del Ayuntamento de Sevilla.

Sin embargo, no es razonable que un escudo menor, o un emblema elevado a la categoría de escudo, pase por delante del escudo mayor para convertirse en nada menos que la bandera de la Ciudad, a la que se le rindan honores en los actos oficiales, y que represente físicamente a Sevilla.

Lo lógico es respetar, conservar, y fomentar el conocimiento del Pendón de la Ciudad, es decir, bandera de la ciudad, puesto que existe desde hace tantos siglos, y ha presidido las prosperidades y los reveses de Sevilla, las guerras en las que muchos sevillanos murieron por defenderla, y que en los Siglos de Oro, gozó preeminencia y veneración, y fue el eje de una vida municipal importantísima, cuando Sevilla era Puerto de Indias, y capital económica del Imperio.

Consérvese, exáltese y divúlguese el conocimiento y el amor de los sevillanos hacia tan gloriosa enseña. Y déjense los escudos o blasones para otros cometidos. El escudo mayor de la Ciudad, para sellar los documentos importantes, para significar en la fachada de los edificios municipales la propiedad de la Ciudad. Y el escudo, blasón, o armas menores, el NOMADEJADO, déjese para los asuntos de carácter menor. No es igual acreditar la propiedad de un Palacio Municipal, que la propiedad de una papelera o un banco público. Así se entendió en algunos momentos en que este escudo menor se ponía en las farolas, en las tapas de las bocas de riego. Escudo para la por-
tezuela de camiones de propiedad municipal, o para documentos menores, mientras que para documentos mayores se emplee el membrete y el sello de las armas mayores de la Ciudad.

En los últimos años se ha perdido mucho ceremonial, de hacer las cosas con método y con norma. Hay que recuperar muchas cosas, muchos buenos modales, en la vida pública. El mal, repetimos, para que no se crea que nos referimos a estos últimos años, el mal se remonta a más de un siglo. Se empieza suprimiendo el sombrero y la corbata, se prescinde de hablarle de usted a los maestros, y se acaba por quitar a San Fernando de la bandera de la Ciudad. Hay que recuperar las buenas formas, si no queremos que con la permisividad de todo se acabe no sólo con la estética, sino con la Historia, con la: identidad de la propia Ciudad.

EPILOGO

No se pretende con este breve opúsculo entablar una polémica, en la que de antemano no vamos a entrar. Intentamos solamente prestar un servicio al público, a quien no se ha informado anticipada y extensamente en cuestión de tan gran importancia. Creemos haber rendido tributo a una gloriosa enseña de la que toda Sevilla debe sentirse orgullosa. Y haber defendido su continuidad histórica, que al cabo de siete siglos merece algo más que desaparecer sin pena ni gloria en un pleno ordinario, ni siquiera en un Pleno extraordinario, convocado expresamente para tan delicado y trascendental tema.

Y yo en modo alguno, precisamente por el afecto que profeso a muchos de sus miembros y el respeto que me merece el conjunto de la Corporación, no querría que fuese precisamente este Cabildo Municipal de 1.992 el que pasase a la Historia de Sevilla como el que, bajo especiosas razones, expulsó a San Fernando del Ayuntamiento que él mismo creó.

(c) Jose María de Mena, 1.992

(c) David de Mena, 2.026

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