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La Historia de los Relojes en Sevilla

Durante finales del siglo XIV y la totalidad del XV, numerosos maestros relojeros, alemanes, flamencos y borgoñones, recorrieron Europa como artistas ambulantes, deteniéndose algún tiempo en cada ciudad para hacer relojes en las catedrales y monasterios. Alguno de estos maestros del arte de hacer relojes, construyó el de la torre de la catedral sevillana, que fué el primero en España provisto de campanas, y que se inauguró pensaran diego el año 1.393.

Sin embargo, Sevilla, ciudad que siempre ha tenido gran atracción para retener al forastero como poderoso imán de voluntades, consiguió que algunos de aquellos maestros de hacer relojes, se aficionasen al clima de nuestra ciudad, y se casasen aqui quedando establecidos definitivamente. Sabemos que un tal Maese Hernando Cristofe, flamenco, se avecindó en Sevilla en la calle Archeros, parroquia del Salvador. Este Hernando Cristofe, tuvo hijos, nacidos en Sevilla y que tomaron por apellido el nombre de su padre, Hernando, convirtiéndolo en Hernandez, y así pocos años después, hay ya un relojero Luis Hernandez, que en el año 1.559 se ocupaba en limpiar y reparar el reloj de la Giralda. En el año 1.553 otro de estos maestros relojeros, llamado Juan Borgoñon fue nombrado por el ayuntamiento Relojero de la Ciudad.

Relojero de la Ciudad de Sevilla

El cargo de relojero de la ciudad era huy importante, ya que tenia a su cuidado, nada menos que la hora oficial de Sevilla. Para poner en hora los relojes, era necesario tomar la altura del sol sobre el meridiano, a las doce en punto de la mañana. Esto se hacia mediante un tubo de bronce, colocado en posición vertical, y provisto de un cristal de aumento. La verticalidad se comprobaba con la Plomada. Debajo del tubo se ponía una pequeña cantidad de pólvora. Cuando el sol al pasar por el aumento encendía la pólvora porque estaba en la vertical del meridiano, o sea que eran las doce en punto del mediodía. (N.E. cañón del mediodía) Del relojero oficial de la ciudad, dependía esta cuestión tan delicada, por la que se regían, naturalmente, los demás relojes, y por lo tanto las horas del comercio, de les espectáculos, las ceremonias religiosas, y en fin, de cuanto depende del computo del tiempo. Este maestro Pedro Borgoñon, fue el que construyó el reloj de la iglesia de San Lorenzo, uno de los mejores de España en su tiempo.

Segun parece los dos grandes relojes públicos que se construyeron en Sevilla despues del de la torre de la catedral, fueron el de San Lorenzo y el de San Marcos . El de San Lorenzo hemos de atribuirlo a Pedro Borgoñón, y seria construido en 1.553. El de San Marcos, dos años más tarde, en 1.555 sería hecho por el maestro Juan Perez Carvallo.

Sevilla y sus ruidos en el Siglo XVI

Sin embargo Sevilla era ya entonces una ciudad muy ruidosa, en la que sin motocicletas ni motocarros ni camiones, no faltaban los atronadores ruidos de las carretas de bueyes que traían piedras de cantería para las obras de construction de la catedral; los carros manchegos, y las galeras o carromatos grandes, que traían vino y aceite para embarcarlos en el puerto de Sevilla con destino a las Indias. Recuas de mulas que conducían desde el puerto, los valiosos cargamentos de oro y plata que nos llegaban del Potosí, y las esmeraldas del Chocó y del Muzú de Colombia, y las especias de Filipinas. Sevilla en el Siglo XVI era el puerto mas importante del mundo, y por lo tanto el mas ruidoso. Dicen que la grúa grande, llamada la “máchina», o “el ingenio”, que estuvo en el muelle de la barqueta y que después se llevó al muelle de la torre del oro, daba dolor de oídos y jaqueca a los vecinos del barrio de los Humeros con el chirriar de sus poleas y carruchas. Por la parte de la puerta de Carmona, el rugido de las herrerías, y por la parte de la Puerta de la Carne el mugido y los becerros de los ganados que venían al matadero, donde se convertían en embutidos y salazon para abastecer de carne a los buques que marchaban para Indias. Y en el barrio del Arenal los talleres de carpintería de lo basto, que a puros martillazos encajaban los aros de hierro en las ruedas de los carros, que por esto se llamó el barrio, la Carretería. En resumen una ciudad ruidosa, atronadora, y salpicada de pregone de los vendedores callejeros que voceaban las aceitunas, los botijos, la sal, el cisco para los braseros y hasta el mantillo para las macetas. Y de vez en cuando el ciego que pedía limosna, y el santero cantando a voz en grito sus oraciones, y el maese Pedro tocando el tambor para hacer bailar el mono y enseñar sus figuritas de retablo.

Detalle de la grúa del puerto de Sevilla junto a la torre del Oro

Nuevos Relojes

Es lógico que en ciudad tan ruidosa no se oyera de un barrio a otro el tañido de las campanas de los relojes. Y así, no siendo suficiente el de la Catedral y el de San Lorenzo, dos años mas tarde hubo que construir el reloj de San Marcos; y un poco mas tarde hacia 1560 hubo aue hacer el reloj de la Alhóndiga.

Sevilla, exportadora de finísimos aceites, y de barriles de aceituna aderezada, exportadora de azulejos y cerámicas, exportadora de libros de estampa, y de libros de devoción, exportó también al Nuevo Mundo, buena parte de sus mejores hijos. Unos como el maestro Juan de Oviedo, ingeniero mayor del ayuntamiento fueron con billete de ida y vuelta. Sabemos que Juan de Oviedo estuvo allí el tiempo preciso para hacer unas fortificaciones, en la guerra que sosteníamos en el Brasil si bien cuando ya pensaba regresar a España, murió en uno de los combates. Otros en cambio fueron con billete de ida, quedándose allí para vivir definitivamente. Quizá de estos fue uno el sevillano Matias del Monte, que en el año 1.595 ocupaba el cargo de relojero mayor de la ciudad, teniendo a su cuidado, la hora oficial, y el mantenimiento y reparaciones de los relojes de la catedral, San Lorenzo, San Marcos y la Alhóndiga. Este Matias del Monte, fue uno de los primeros relojeros que hubo en America, y se le deben algunos importantes relojes de las catedrales y edificios públicos de Méjico y Colombia. relojes históricos que hoy al cabo de cuatrocientos años, todavía siguen funcionando.

El ultimo de los relojes importantes de nuestro casco urbano de Sevilla fue el construido en 1.777 por Antonio Dechamps, para la Universidad Literaria. Este Antonio Dechamps, era un extraordinario artifice, que además de conocer a La perfección la construcción de relojes, fue notable ingeniero, y se le nombró constructor de pesos para ensayar, en la Real Casa de la Moneda.

Torre de reloj del Palacio de San Telmo

Así pues, en 1.775 Sevilla contaba con los siguientes relojes: El de la Catedral, cuya maquinaria en esa época era ya la construida por Jose Cordero, religioso franciscano. El de San Lorenzo, construido por Pedro Borgoñon, en 1.553. El de San Marcos, construido por Juan Pérez Carvallo. El de la Alhondiga, quiza hecho por este mismo maestro, y por ultimo el de la Universidad, construido por Dechamps. Mas tarde, y ya fuera de murallas, se instaló un gran reloj en el palacio de San Telmo, de los duques de Montpensier, aun cuando no parece ser construido e n Sevilla sino con maquinaria traída de Inglaterra o Francia.

(c) Jose María de Mena

(c) David de Mena, 2026

Nota del Editor: Los cañones de mediodía a los que se refire Jose María en este artículo no surgieron hasta el Siglo XVIII. En el Siglo XVI lo que utilizaba para medir el mediodía solar era la Alidada del mediodía.

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