Las Tertulias poéticas sevillanas del Siglo XVI
LAS TERTULIAS POETICAS SEVILLANAS EN EL SIGLO XVI
Dos fueron las tertulias sevillanas más importantes del siglo XVI; la de Francisco Pacheco, canónigo de la catedral hispalense, y a quien se consideraba poeta oficial de la ciudad” para encargarle la redacción de lemas, e inscripciones para fiestas públicas y lápidas conmemorativas, y la tertulia de don Alvaro de Colón y Portugal, segundo conde de Gelves, biznieto de Cristóbal Colón, y descendiente de los reyes de Portugal.
La tertulia del conde de Gelves, a la que concurría también su esposa doña Leonor de Milán, fue el centro de la vida poética sevillana entre 1565 y 1580. En ella leyeron sus versos, y discutieron de elevados temas literarios, Baltasar de Alcázar, Argote de Molina, Cristóbal Mosquera de Figueroa, Fernando de Herrera “El Divino”, Juan de Mal-Lara, Francisco Pacheco el canónigo, Juan de la Cueva, y posiblemente estuvieron en ella durante sus estancias en Sevilla, Cervantes y otros ingenios españoles. A la tertulia literaria o academia, de los condes de Gelves, se debe en opinión de autorizados críticos, el perfeccionamiento y la definitiva incorporación a nuestro idioma, del metro endecasílabo, que habían comenzado a introducir Boscán y Garcilaso.
A la muerte del conde de Gelves, la tertulia pasó a la casa de Francisco Pacheco. Allí se reunían además de los antiguos contertulios, Juan de Arguijo, Mateo Alemán, Rodrigo Caro, Pedro de Espinosa y en su mocedad Francisco de Rioja.
Muerto Pacheco en 1599, mantuvo la tertulia su sobrino Francisco Pacheco el pintor y escritor. Esta última tertulia fue la que visitó y frecuentó Lope de Vega y donde conoció a la poetisa Angela Vernegali, “La Safo sevillana” que le cuidó durante su enfermedad en Sevilla, en 1602. (Para profundizar más Lope de Vega en Sevilla: sus escandalosos amores en la ciudad | Jose María de Mena)
Brevemente, recogeremos la biografía de cada uno de aquellos escritores que frecuentaron dichas tertulias, y que han pasado a la historia literaria y española con el común denominador de “Escuela poética Sevillana”:
JUAN DE MAL-LARA

Nacido hacia 1525, Juan de Mal-Lara estudió en Salamanca y se graduó en la Universidad de Sevilla como bachiller en Artes. Abrió una escuela o academia de enseñanza de Gramática y Humanidades en una calle próxima e la Alameda de Hércules, escuela que funcionó desde 1554 hasta 1571. Estudiaron en ella muchos jóvenes de la más distinguida sociedad sevillana, y que después alcanzaron renombre en las letras.
La obra de Mal-Lara abarca tres aspectos: poético, histórica y paremiológico
Como poeta, escribió “La hermosa Psyché» y «Los trabajos de Hercules»; la comedia la “Lacusta” y la tragedia «Absalón» Además tradujo en verso muy perfecto a Marcial y otros poetas latinos.
Como historiador, le debemos «Recibimiento que hizo Sevilla a don Felipe II», “Descripción de la galera real de don Juan de Austria” y “Relación de la muerte y exequias de doña Isabel de Valois», en cuyas obras nos aporta curiosísimos datos sobre la vida sevillana de la época, y sobre muchos aspectos de la vida española. Son fundamentales estas obras de Mal-Lara, para el conocimiento de la Historia de Sevilla.
Como paremiólogo, publicó “Philosofía vulgar” que es una colección de más de un millar de refranes explicados, obra que seguramente conoció Cervantes, y de la que se valió para poner en boca de Sancho las ristras de refranes que el escudero ensartaba.
Finalmente Mal-Lara escribió una obra didáctica titulada “In aphtonii Progymnasmata Scholia” donde divulgó las enseñanzas que había recibido en Barcelona de su maestro Francisco Escobar.
FERNANDO DE HERRERA «EL DIVINO»

Nacido en 1534 era hijo de un cerero y estudió en el Colegio de San Miguel, recibiendo el hábito eclesiástico pero no las órdenes mayores. Nombrado beneficiado de la parroquia de San Andrés que tenía entonces cabildo de beneficiados, dedicó la mayor parte de su actividad a la poesía.
Sus principales producciones fueron poemas heróicos entre los que destaca el dedicado “A la Victoria de Lepanto». Estos poemas de carácter épico, venían muy bien al espíritu de aquella España que por entonces triufaba con sus armas en el Mediterraneo como en Flandes, en Italia como en el Nuevo Mundo. La gente sevillana, se enardecía con los versos de Fernando de Herrera, tanto cuando cantaba “A don Juan de Austria” como cuando rememoraba con acentos vibrantes “Al Santo Rey don Fernando”.
No solamente el vulgo se entusiasmaba con los versos de Herrera, sino que el propio Lope de Vega, exclama al leer una estrofa de “Al Santo Rey don Fernando”: “Aquí no excede ninguna lengua a la nuestra; perdonen la griega y la latina”.
Fernando de Herrera fue llamado por estas estrofas, con el sobrenombre de «El Divino», del que sin duda se ensoberbeció, ya que era hombre pagado de sí mismo, y más soberbio que vanidoso.
Hizo también muchos poemas amorosos, principalmente dedicados a la Condesa de Gelves, doña Leonor de Milán, de la que estaba enamorado. Ella alentó en términos prudentes su pasión para que escribiera más, pero sin concederle ningún favor amoroso.
Murió Herrera en 1597. Mientras que gozó de la admiración literaria de todos, y fue el portaestandarte de la escuela poética sevillana, no gozó afectos ni amistades personales, pues según parece era hombre “bronco y arrogante” según le calificaba uno de sus contemporáneos.
CRISTOBAL MOSQUERA DE FIGUEROA

Nacido en Sevilla en 1547, estudió en la Universidad de Osuna, y entró en el servicio de la Armada como Oidor, llegando a ocupar el cargo de Oidor General.
Asistió embarcado, en la flota del famoso almirante don Alvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, a dos heróicos episodios navales: la jornada de Las Azores y la batalla de La Tercera, contra los franceses.
Puso prólogo a la “Relación de la guerra de Chipre” escrita por Fernando de Herrera, y como principal obra original de Mosquera de Figueroa se cuenta el “Comentario en breve compendio de la disciplina militar” obra algo posterior al “Espejo de disciplina militar”? de Valdés. Murió en 1610.
BALTASAR DE ALCAZAR

Fue hijo del jurado Luis de Alcázar y de su esposa Leonor de León Garabito. Nació en 1530 y con catorce años no cumplidos se embarcó en las galeras del Marqués de Santa Cruz permaneciendo en el servicio de la armada bastante tiempo. Por sus méritos y servicios fue nombrado alcalde y alcalde mayor de Los Molares. Fue servidor del Duqe de Alcalá y más tarde administrador de los Condes de Gelves.
Probablemente en la última etapa cuando escribió sus mejores poesías, de género humorístico. Si bien en su juventud hizo versos amorosos “A Constanza”, **A Magdalena”, «A una dama muy hermosa», derivó hacia el género burlesco, o simplemente jocoso, destacando entre sus producciones de este carácter: “Una cena» cuyo comienzo «En Jaén donde resido vive don Lope de Sosa» nos hace pensar que en algún momento de su vida residió en dicha ciudad. «Epitafio a una dama muy delgada”, «A un jiboso de delante”, y “Secreto pará conciliar y sacudir el sueño” (Rezar y tener deudas).
Frecuentó la tertulia poética de los Condes de Gelves y pasó siempre sus mejores horas en Sevilla. Su desenfado hace de él uno de los poetas más Ingeniosos, sobre todo por las inesperadas salidas de su personalísimo repertorio.
«Tres cosas me tienen preso, de amores el corazón:”
parece anunciar un poema amoroso; pero la salida chusca lo convierte en una pieza totalmente distinta a lo esperado:
“la bella Inés, el jamón, y berengenas con queso”.
Baltasar de Alcázar influyó mucho en los escritores de su época, levantando un tanto el ánimo tristón de la literatura española. 5u “Diálogo entre dos perrillos” debió influir en Cervantes que compone poco después “El coloquio de los perros”.
Gran comedor y bebedor, auténtico Epicuro andaluz, enfermó de la gota, dolencia que sobrellevó con buen humor, y la fue agravando a fuerza de no privarse de “la morcilla, gran señora digna de veneración” y “el vinillo aloque”.
_ Le duró el dinero ahorrado en sus alcaldías y administraciones ducales el tiempo justo que le duró la vida. Murió en 1606. En la corte de los Austrias enlutada y severa, sólo Baltasar de Alcázar pone un rayo de gracia y buen comer y buen vivir, entre la melancolía de los hidalgos secos y amarillos, hambrientos de ayunos y abstinencias, que pintó en sus cuadros el Greco.
DIEGO GIRON
Concuñado de Juan de Mal-lara, estudioso, latinista y buen poeta pero falto de imaginación creadora limitó su actividad creadora a la traducción o a la imitación. Tradujo a Esopo del griego al latín y del latín al castellano. Hizo versos en nuestro idioma glosando e imitando a Virgilio y Séneca y más aún Horacio. Vivió desde 1530 aproximadamente a 1590, permaneciendo toda su vida en Sevilla.
FRANCISCO DE MEDINA

Nacido en 1551 aproximadamente, pues se graduó en 1572, fue profesor en la Universidad de Osuna, y en Jerez de la Frontera. Fue sacerdote y pasó todo el tiempo que pudo en Sevilla. Latinista eminente, profesor de latín, toda su producción literaria es o de inspiración latina o traducciones.
NOTAS.—Pacheco el pintor, es el maestro y después suegro del inmortal pintor Velázquez. Baltasar de Alcázar nació y vivió en la casa palacio de su familia en la actual calle Sor Angela de la Cruz, en el mismo edificio que hoy es el convento de las Hermanitas de la Cruz.
Dibujos de Francisco Pacheco, Libro de descripción de verdaderos retratos de ilustres y memorables varones, Madrid, Biblioteca de la Fundación Lázaro Galdiano.
(c) Jose María de Mena
(c) David de Mena, 2026
